Ya con la llegada de las lluvias desparece de nuestros caminos el polvo convertido en barro. El barro y el agua son grandes enemigos de los elementos mecánicos que componen nuestra bici, así como cuadro, potencia, tornillería.

La mayoría de estos componentes “estáticos” hoy en día se fabrican en aluminio, carbono y titanio, materiales altamente resistentes a la corrosión. No ocurre así en el acero, que aún estando tratado, es más sensible a atmósferas húmedas, y no digamos en atmósferas marinas. Si vais a comprar una bici para dejarla en la playa: de aluminio.


La clave para mantener en forma nuestra bici todo el año es protección y mantenimiento.

    

Protección: Todos los elementos que podamos cubrir fácilmente: dirección, barras de horquilla, fundas de cambio y freno… Las protegeremos con elementos de goma o neopreno: Fuelles, fundas… Con esto evitaremos la entrada de agua y barro, que devastarán pistas de rodamientos, ejes y cojinetes. Habrá otras partes tales como cadena, cambio, desviador… Cuya protección permanente sea inviable y trataremos de mantener lo más limpio posible.


Mantenimiento: El barro es un potente abrasivo, si lo dejamos que campe a sus anchas por nuestra querida compañera, pulirá, literalmente, todos los elementos móviles en los que se deposite. Las ruedecillas del cambio trasero, cadena, platos, piñón y la dirección suelen ser los grandes perjudicados. Para aumentar su durabilidad y rendimiento, tendremos que velar por su limpieza y engrase. Por supuesto, antes del engrase conviene limpiar a fondo, ya que de lo contrario, se formará una masa de suciedad y grasa, afectando al funcionamiento y rendimiento de las partes móviles. Así que lo primero un manguerazo, posteriormente desengrasamos, bien con productos que se venden para tal fin o bien con gasolina. Todo el conjunto de transmisión lo engrasaremos habitualmente con un aceite líquido en spray, ya que grasas más densas son proclives a atraer la porquería y a formar un “engrudo”. En elementos internos: Dirección, eje de pedalier, horquillas, sí utilizaremos grasas, ya que la durabilidad es mayor. Hay que tener cuidado con las grasas de litio, ya que éstas se llevan bastante mal con los elastómeros. Por tanto, en horquillas, seguiremos las instrucciones del fabricante. En cualquier caso, existen productos específicos para bicicletas: engrase, desengrase que encontraremos en cualquier tienda de ciclismo.


En el caso de engrases, digamos, externos, simplemente, una vez limpio el elemento, se aplica con el spray, lo hacemos funcionar; cambiamos de corona, bajamos y subimos platos, movemos la cadena, etc. Y posteriormente retiramos con un trapo el sobrante. Consejo: Para evitar ensuciar más de la cuenta, colocad unas hojas de periódico bajo la bici para recoger tanto la porquería que quitéis como el aceite que gotee. A pesar de esto, puede llegar a traspasar las hojas, por tanto, realizadlo en el garaje o suelos de terrazo.


En el caso de los internos, procederemos a desmontar el elemento en cuestión, ojo, sólo si sabemos, la mecánica de una bici es sencilla, pero bueno, hay que conocerla, además de tener la herramienta adecuada. Una vez desmontado, limpiamos a fondo, aplicamos la grasa, montamos, limpiamos sobrante, y listo.


Otro elemento interesante es el guardabarros, existen gran cantidad de modelos. En cuanto al delantero, yo recomiendo el que va fijado en el tubo diagonal, ligero, económico, se desmonta fácilmente, y mejora notablemente la limpieza de nuestra ropa, cara y gafas. Evitando también la proyección de piedras que a veces se fijan y desprenden del barro que llevamos en la rueda delantera. En cuanto al trasero, el modelo que va sujeto a la tija de sillín es el más adecuado por los mismos motivos que el delantero.


Así que este invierno, a cuidar a nuestras compañeras, que se lo merecen, evitaremos averías, y podremos disfrutar aún más de nuestras salidas.