Menudo madrugón nos tuvimos que pegar el sábado. A las 7:00h ya estábamos en el coche Alfredo y yo para dirigirnos a Colmenar de Oreja. Llegamos a eso de las 7:45h y ya empezamos a palpar el ambiente de estos eventos. Había bastante gente pululando por las inmediaciones de la salida, algunos daban “miedo” parecían David Jones y la tripulación del Holandés Errante, había alguno que llevaba garfio y loro. Cumplimos con los trámites de rigor recogiendo los chips y los obsequios de la organización y nos dispusimos a preparar las bicis y a calentar un poco por las calles aledañas, encontrándonos con Miguel y Jesús también calentando.

 

Raúl

 

A eso de la 8:45h se dio el pistoletazo de salida y desde los primeros momentos y todavía transcurriendo por las calles del pueblo, la gente empezó a colocarse delante con mucha rapidez, a la salida de Colmenar el pelotón se daba una tregua de unos 2 kilómetros yendo al “tran tran” pero aquello no iba a durar mucho, en cuanto cogimos la carretera de La Aldehuela, una bajada de unos 5 kilómetros por una carretera sinuosa con unos 4 metros de ancho y asfalto más que rugoso, que se sube al final del día y da nombre a la prueba. La gente empezó a pedalear como loca, nos pasaban por todos lados, en las curvas no había sitio para tanta bici, en un vistazo fugaz al cuentakilómetros veo que iba a 53km/h y me estaba quedando atrás, ¡Qué horror!

 

Una vez pasado este primer asalto, la calma volvió de nuevo al grupo en dirección a la CM-322 llaneando nuevamente y entre maizales, recuperamos posiciones en el pelotón, Miguel y Jesús iban por delante esperándonos. En el cruce con la CM-322 se organizaron las primera grupetas para afrontar la subida a Colmenar de Oreja, íbamos relativamente cómodos a un ritmo asequible y sobre todo sin agobios dada la anchura de esta carretera. A estas alturas de recorrido, 20 km, a los primeros de la marcha se les veía ya muy lejos.

De nuevo en Colmenar de Oreja, Miguel me insta a esperar un poco a Jesús y Alfredo que vienen un pelín rezagados y una vez reagrupados cogemos la M-311 en dirección a Belmonte de Tajo, buena carretera donde nos enganchamos a una grupeta, enlazando unos buenos relevos. Llegando a Belmonte observo que Alfredo no esta con nosotros por lo que en el primer avituallamiento del día decidimos esperarle, comiendo y bebiendo algo. Pasaron algunos minutos e interminable número de participantes y Alfredo sin aparecer, dada la situación, Jesús decide desandar lo andado para ver si lo localizaba y a los pocos instantes aparecen los dos con algunos rezagados más y ¡El coche escoba!!! Había pinchado, bueno, son gajes del oficio.

En vista del panorama, decidimos salir echando hostias hacia Valdelaguna tirando Miguel y yo como locos y viendo a lo lejos al puto coche escoba acercarse. Llegando a Valdelaguna y habiendo adelantado a bastantes participantes (que paliza me pegue manteniendo la rueda de Miguel) nos percatamos que Jesús se había quedado. En ese momento Miguel nos comenta que iba a quedarse a esperarle por lo que nosotros decidimos continuar a un ritmo un poco más suave.

 

La bajada de Valdelaguna a Perales por la variante fue de vértigo, llegué a ver los 80km/h en el cuentakilómetros pero no encontramos ninguna grupeta a la que engancharnos por lo que hasta Morata estuvimos haciendo relevos, llegando un pelín quemados a las rampas de la Cuesta del Calvario, paralela a la subida al Pico del Aguila

La subida la hicimos a ritmo más que sosegado dados lo kilómetros que llevábamos en las piernas, los que nos quedaban y el porcentaje a afrontar, no es una subida larga pero joder como se engancha la bici… 

 

La bajada la aprovechamos para recuperar un poco y saliendo de Morata nos alcanza una grupeta del CC Mejorada del Campo a la que nos incorporamos con alivio. El ritmo era muy cómodo 30-31 km/h llaneando, por lo que aprovechamos para seguir recuperando, comer, beber y prepararnos para la subida a Chinchón.

 

Una vez llegados a las primeras rampas salta uno de la grupeta y cojo su rueda, al ver que lleva un ritmo que puedo asimilar y observar a Alfredo protegido por el grupo decido subir hacía Chinchón con un ritmo un poco más vivo. Llegando a Chinchón mi anónimo compañero de fatigas me confiesa que va hecho puré y que se retira por lo que me encamino sólo hacia Villaconejos, aflojando un poco el ritmo con el objeto de que me alcanzasen los de la grupeta de Alfredo. A los pocos minutos me alcanza Alfredo y observo con incredulidad que viene también sólo. Los de la grupeta de Mejorada habían hecho aguas en la última rampa a Chinchón y habían decidido retirarse.

 

Jesús 

 

El camino hasta Villaconejos fue mejor de lo esperado, las piernas respondían y podíamos mantener una velocidad de crucero aceptable, una vez pasado el pueblo, famoso por sus melones, (no penséis en guarradas), afrontamos la que sería la última bajada del día llegando al cruce con la M-318 y tomando dirección a La Aldehuela empezamos a mentalizarnos con lo que nos quedaba, la subida al Molino, esos 5 km de carretera sinuosa con unos 4 metros de ancho y asfalto más que rugoso que describía al principio de la crónica, cuando de repente psssss!!!!!, mecaguenlap***!!!!! oigo decir a Alfredo, otro pinchazo!!!!

 

Teníais que verle y oírle jurando en arameo, nos dispusimos arreglar el desaguisado lo más rápido posible cuando de repente veo aparecer en lontananza el puto coche escoba acompañado de un guardia civil motorizado que al pasar a nuestro lado nos espeta “a partir de aquí vais por vuestra cuenta”, sólo faltó que nos hiciera un dedo. A mi en este momento me empezó a dar la risa por la situación, las 13 y cuarto de la tarde, un calor de cojones, Alfredo dándole ostias a la rueda pinchada, fuera de control y todavía por delante la subidita de marras.

 

Una vez reparado el pinchazo y calmado Alfredo, iniciamos la marcha y a los pocos minutos llegamos al cruce que nos indicaba el inicio de la subida que acometimos con un ritmo tranquilo, que remedio!!!. Al llegar a la cima vislumbramos las primeras construcciones de Colmenar y apretamos un poco el ritmo con la esperanza de poder cruzar la alfombra de tiempos, a tiempo, valga la redundancia, esperanza que se esfumó al llegar a la meta y observar con desazón que ya la estaban desmontando.

 

Que putada por quince minutos…

 

Miguel y Jesús

 

Por lo menos el objetivo estaba cumplido 135Km 4h 50minutos de tiempo efectivo a 27,9 de media 5h y 15 minutos de tiempo real, si no hubiese sido por los dos pinchazos la hubiésemos completado muy dignamente, al haber podido ir más en grupetas, pero bueno esto también es ciclismo.

 

Conclusiones:

 

Experiencia muy agradable y divertida. La próxima “La Carlos Sastre” revisaremos mejor el material y estaremos más atentos a los arreones.

 

El año que viene “se van a cagal”